Cómo viajar con adolescentes: 10 consejos para disfrutar del viaje en familia

Viajar con adolescentes

10 Consejos para disfrutar del viaje en familia

Durante muchos años nuestras vacaciones eran las de siempre. Un apartamento en la playa, las mismas rutinas y prácticamente los mismos planes cada verano. Hasta que un día nuestros hijos empezaron a decir algo que no esperábamos: ya no les hacía ilusión ir de vacaciones. Incluso alguna vez nos dijeron que preferían quedarse en casa. Aquello nos hizo pensar. No era que hubieran dejado de disfrutar viajando. Simplemente habían dejado de disfrutar de la forma en la que nosotros seguíamos viajando. Ahí empezó nuestro cambio.

Poco a poco descubrimos que viajar con adolescentes no consiste en hacer más cosas ni en elegir destinos más espectaculares. Consiste en entender que ellos también han cambiado y que el viaje tiene que evolucionar con ellos.

Después de muchos países, algunos errores y muchos aciertos, estas son las ideas que más nos han ayudado.

1. Elige un destino pensando también en ellos

Uno de los errores que cometemos muchos padres es elegir el destino pensando únicamente en lo que nos apetece a nosotros. Sin embargo, cuando viajas con adolescentes merece la pena hacer un pequeño cambio de enfoque.

Como padre o madre conoces mejor que nadie cómo es tu hijo. Sabes si le apasionan los videojuegos, el cine, el deporte, la naturaleza, la playa, la montaña o la gastronomía. Utiliza toda esa información para buscar destinos que puedan despertar su curiosidad sin renunciar a que también os ilusionen a vosotros y encajen en vuestro presupuesto.

En nuestro caso, al principio nuestros hijos apenas participaban en la organización. Veían el viaje como algo que habían decidido sus padres y se limitaban a acompañarnos sin demasiado entusiasmo. Por eso fuimos nosotros quienes empezamos a cambiar la forma de elegir los destinos. Buscábamos lugares donde sabíamos que encontrarían algo que conectara con sus intereses. Y ocurrió algo curioso.

Después del primer viaje empezaron a recordar aquel barrio que les había gustado, aquel restaurante donde cenamos o aquel paisaje que les sorprendió. Poco a poco comenzaron a preguntarnos cuál sería el siguiente destino, a enviarnos vídeos de lugares que querían conocer y a proponer ideas para futuros viajes. Ahí entendimos que el primer paso para que un adolescente disfrute de un viaje es sentir que ese viaje también tiene algo pensado para él.

2. No intentes verlo todo

Este ha sido, probablemente, el mayor error que hemos cometido viajando en familia.

Al principio preparaba los itinerarios con la idea de aprovechar cada minuto. Quería visitar todos los lugares importantes, hacer todas las excursiones y no dejarme nada por ver. Sobre el papel parecía perfecto. En la práctica acabábamos agotados, con prisas y, muchas veces, discutiendo por cosas sin importancia.

Con el tiempo aprendimos que un viaje no se disfruta más por hacer más cosas. Se disfruta más cuando todos llegan al final del día con ganas de seguir descubriendo al día siguiente.

Desde entonces simplificamos los itinerarios, dejamos tiempo para improvisar y eliminamos esa sensación de ir siempre corriendo.Y, curiosamente, fue cuando empezamos a disfrutar mucho más de los viajes.

3. Alterna los tipos de planes

Una de las cosas que mejor nos ha funcionado ha sido combinar ambientes completamente diferentes dentro del mismo viaje. Los adolescentes suelen disfrutar mucho más cuando sienten que cada pocos días cambia el escenario. Por eso, siempre que podemos, alternamos ciudades con naturaleza o playa.

Nos ocurrió en China. Pekín nos fascinó por toda su historia, pero el calor era tan intenso que terminábamos las jornadas completamente agotados. Continuar el viaje con unos días de playa hizo que todos recuperáramos la energía. Después repetimos esa misma idea en otros destinos: Kuala Lumpur con Singapur y Bali, Japón con Filipinas o Costa Rica, donde terminamos descansando unos días en las playas de Guanacaste.

No existe una combinación perfecta para todas las familias, pero sí una idea que suele funcionar muy bien: alternar actividad con descanso. Ese equilibrio hace que el viaje resulte mucho más llevadero y que los adolescentes mantengan la ilusión durante todo el recorrido.

4. Alterna cultura, aventura y tiempo para descansar

No todos los adolescentes disfrutan de la misma forma. Hay quienes pueden pasar horas recorriendo una ciudad y otros que, después de dos días seguidos de visitas, empiezan a desconectar. Por eso nos ha funcionado muy bien alternar planes diferentes. Un día puede estar dedicado a descubrir una ciudad, al siguiente hacer una ruta por la naturaleza y otro simplemente disfrutar de una playa o pasear sin rumbo. No significa hacer menos cosas, sino repartir mejor la energía del viaje. Con el tiempo nos dimos cuenta de que los días de descanso no eran días perdidos. Al contrario, eran los que hacían que todos tuviéramos ganas de volver a movernos al día siguiente.

5. Deja que tengan pequeños espacios de independencia

Viajar con adolescentes también significa aceptar que ya no necesitan hacer todo con nosotros. A medida que han ido creciendo hemos aprendido a darles pequeños espacios de autonomía siempre que el destino lo permite. Puede ser entrar solos en una tienda mientras esperamos fuera, recorrer una planta diferente de unos grandes almacenes o elegir dónde sentarnos a tomar algo. Son momentos muy sencillos, pero para ellos significan mucho porque sienten que confiamos en ellos. Curiosamente, cuanto más respetábamos esa necesidad de independencia, más ganas tenían de volver a compartir el resto del día con nosotros.

6. Utiliza el móvil como una herramienta, no como un enemigo

Durante mucho tiempo pensé que el móvil era el mayor enemigo de los viajes. Después entendí que el problema no era el teléfono, sino cómo lo utilizábamos. Hoy nuestros hijos buscan restaurantes, localizan miradores, investigan barrios interesantes o nos enseñan lugares que han descubierto en redes sociales. En Japón, por ejemplo, muchas veces eran ellos quienes encontraban un restaurante curioso o una tienda que merecía la pena visitar.

Cuando consigues que la tecnología forme parte del viaje, deja de ser una distracción para convertirse en una herramienta que hace que los adolescentes participen mucho más.

7. Acepta que habrá momentos de tensión

Después de muchos viajes hemos aprendido una cosa muy importante: siempre habrá algún momento de tensión. Da igual lo bien que esté organizado el viaje. Habrá cansancio, habrá alguna discusión entre hermanos o ese momento en el que todos parecen estar de mal humor. Antes intentábamos solucionarlo inmediatamente.

Ahora hacemos algo diferente. Respiramos, dejamos un poco de espacio y esperamos. Muchas veces, media hora después, nadie recuerda el motivo del enfado.

Viajar durante muchos días juntos significa convivir muchas horas seguidas, y eso hace que los pequeños roces sean completamente normales. Lo importante no es que no existan, sino que no acaben estropeando unas vacaciones por las que lleváis meses esperando.

8. Deja espacio para improvisar

Si algo hemos aprendido viajando es que los mejores recuerdos rara vez estaban planificados.

Uno de ellos ocurrió en Bali. Habíamos contratado una excursión de un día, pero el tráfico hizo que todo el recorrido se retrasara. Cuando terminó, ya era bastante tarde y, al intentar buscar un sitio para comer, descubrimos que casi todos los restaurantes de la zona habían cerrado.

Entonces nuestro guía nos sorprendió con una propuesta que nunca habríamos imaginado.

¿Queréis que os cocine? Mi casa está muy cerca de aquí.

Nos pareció una idea tan inesperada que aceptamos sin pensarlo demasiado. Antes de llegar, compramos unas verduras en un pequeño puesto que había frente a su casa. Después entramos y él mismo se puso a prepararnos unos noodles en su cocina mientras nosotros charlábamos con su familia. Al cabo de un rato estábamos todos sentados en el suelo del salón, comiendo aquellos noodles caseros. Aquella comida no aparecía en ninguna guía de viaje ni estaba prevista en el itinerario. Sin embargo, terminó convirtiéndose en uno de los recuerdos más especiales de nuestras vacaciones.

Desde entonces intentamos dejar siempre un pequeño espacio para la improvisación. Porque los lugares se pueden planificar, pero las experiencias que más te acercan a un país casi siempre aparecen cuando dejas que el viaje siga su propio camino.

9. No hace falta hacer todo juntos

Al principio pensábamos que unas buenas vacaciones significaban hacer absolutamente todo en familia.Con el tiemp o descubrimos que no era necesario. Hay momentos en los que cada uno necesita su espacio. Mientras uno entra en una tienda, otro puede sentarse a tomar un café. Mientras unos descansan en la piscina, otros pueden dar un paseo. No pasa nada. Viajar en familia no significa estar las veinticuatro horas haciendo exactamente lo mismo. A veces, esos pequeños momentos separados hacen que después todos disfrutemos mucho más cuando volvemos a encontrarnos.

10. Recuerda cuál es el verdadero objetivo del viaje

Durante años pensaba que un viaje era una lista de lugares que había que visitar. Hoy lo veo de una forma muy diferente. Los destinos importan, claro que sí. Pero lo que realmente permanece son las conversaciones durante una cena, las risas cuando algo no sale como esperabas o esa sensación de haber compartido tiempo de verdad.

Los adolescentes crecerán, harán su vida y cada vez será más difícil encontrar momentos para estar juntos. Por eso, cuando viajamos, intento recordarme algo muy sencillo: no estamos coleccionando países. Estamos construyendo recuerdos familiares. Y, con el paso de los años, he descubierto que ese es el mejor souvenir que podemos traer de cualquier viaje.

Lo que hemos aprendido viajando con adolescentes

Viajar con adolescentes no consiste en encontrar el destino perfecto, sino en adaptar la forma de viajar a la etapa que están viviendo. Escucharles, darles su espacio y construir un viaje en el que también se sientan protagonistas cambia por completo la experiencia.

Los adolescentes no dejan de disfrutar viajando. Simplemente empiezan a viajar de una manera diferente. Y cuando lo entiendes, las vacaciones vuelven a convertirse en uno de los mejores momentos para compartir en familia.